Q u é e s

Picapinos

Picapinos surge del aprendizaje y la madurez alcanzada junto a la familia Berrouet, tras años de escucha atenta a la tierra y a la personalidad cambiante de cada añada. No es un vino de finca, si no de interpretación, composición y ensamblaje de muchos pueblos en la Ribera del Duero.

Elaboración

77% Tempranillo, 20% Cabernet Sauvignon, 3% Merlot

La vinificación de este vino se realiza por parcelas, elaborando cada pueblo por separado. Tras un despalillado sin estrujar, la uva se traslada por gravedad a depósitos de acero inoxidable, donde fermenta a temperatura controlada con suaves remontados, priorizando la elegancia y frescura sobre la extracción.

Después de la fermentación alcohólica, durante la siguiente luna menguante, realizamos el trasiego y el primer ensamblaje de parcelas y variedades junto a Jean Claude y Jeff Berrouet

Picapinos envejece durante 12 meses en distintos recipientes: ánforas de arcilla (14%), y barrica nuevas (10%) y usadas (76%) de roble francés, buscando equilibrio, elegancia y complejidad

Después de la crianza y justo antes de embotellar hacemos un ensamblaje final para acabar de ajustar y afinar el vino. La clarificación y filtración son mínimas, respetando su carácter natural.

Finalmente, el vino es embotellado, conservando su viveza y pudiendo presentar precipitaciones naturales con el tiempo.

Filosofía de la crianza

El proceso del ensamblaje se concibe como una obra pictórica: el vino de cada pueblo aporta un matiz distinto, y el resultado final es una composición equilibrada que expresa la esencia de la Ribera desde una perspectiva moderna y precisa.

Y en la crianza es donde nuestro relato se vuelve poesía: Picapinos no busca la voz dominante del roble, sino la armonía entre materiales que respetan el origen. El roble es un compañero de viaje, no un protagonista. La arcilla revela la viveza y autenticidad del vino, permitiendo que la fruta y el terroir se expresen con claridad. El ensamblaje final es una sinfonía: La Barrica aporta evolución serena y redondez y el Ánfora aporta frescura, energía y pureza.

Análisis sensorial

Hermoso color rojo cereza picota con reflejos violáceos.

En nariz muestra una alta intensidad y gran complejidad, con aromas frescos a fruta roja (cereza, fresa, frambuesa…) junto a toques de fruta negra (mora, arándanos,…) acompañados de notas balsámicas (tomillo, romero y otras plantas aromáticas de la Ribera del Duero…) y minerales, junto a la vainilla y otras especias aportadas por su crianza en madera.

En boca es seco, con acidez y taninos medios bien equilibrados, dejando un recuerdo goloso y un final largo, fresco y complejo.

Un vino excelente por su elegancia y equilibrio, intensidad y persistencia.

Análisis sensorial

Hermoso color rojo cereza picota con reflejos violáceos.

En nariz muestra una alta intensidad y gran complejidad, con aromas frescos a fruta roja (cereza, fresa, frambuesa…) junto a toques de fruta negra (mora, arándanos,…) acompañados de notas balsámicas (tomillo, romero y otras plantas aromáticas de la Ribera del Duero…) y minerales, junto a la vainilla y otras especias aportadas por su crianza en madera.

En boca es seco, con acidez y taninos medios bien equilibrados, dejando un recuerdo goloso y un final largo, fresco y complejo.

Un vino excelente por su elegancia y equilibrio, intensidad y persistencia.

AÑADA DEL AÑO:

2022

La campaña empezó con temperaturas normales, permitiendo un buen descanso para las plantas. Hubo variaciones de temperatura, con meses inusualmente cálidos como diciembre y mayo, y otros más frescos como noviembre y marzo. Las lluvias de marzo impulsaron un buen crecimiento en abril, aunque con un leve retraso. A partir de mayo, las temperaturas aceleraronel ciclo, adelantando etapas clave de floración y crecimiento. Pese al calor extremo y pocas lluvias en junio, el desarrollo de las plantas siguió estable, y el envero llegó en agosto, unos días antes de lo habitual.

Añada del año:

2023

La añada 2023 en Ribera del Duero comenzó con un otoño del 22 cálido y lluvioso que favoreció el agostamiento, pero el ciclo estuvo marcado por una fuerte aridez desde invierno hasta junio. La brotación fue correcta aunque desigual, avanzando con un adelanto generalizado respecto a la media. El verano resultó cálido y prácticamente seco, acelerando el desarrollo. Las lluvias de septiembre y, sobre todo, de octubre aportaron alivio hídrico al final del ciclo.

La vendimia, muy escalonada y condicionada por diferencias de maduración y daños de helada, ofreció uvas sanas y de extraordinaria calidad.

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